SÉ COMO EL GRANO DE TRIGO QUE CAE
EN TIERRA Y DESAPARECE.
Y AUNQUE TE DUELA LA MUERTE DE HOY,
MIRA LA ESPIGA QUE CRECE.
Un trigal será mi Iglesia,
que guardará mis entregas,
fecundadas en la sangre de aquel
que dio su vida por ella.
Ciudad nueva del amor,
donde vivirá el pueblo,
que en los brazos de su dueño nació,
sostenido en un madero.
Yo mi vida he de entregar,
para aumentar la cosecha,
que el sembrador al final buscará
y dejará ser eterna.
Y un día el Padre volverá
a descubrir el secreto,
de la pequeña semilla que fiel,
cobró su herencia en el cielo.