Sí, yo estuve allí en aquel momento,
cuando él salvaba al mundo en aquella cruz.
Sí, yo estuve allí en aquel momento,
cuando aún a sus enemigos perdonó.
Sí, yo estuve allí, yo soy testigo,
soy testigo de lo grande de su amor,
cuando solo se quedó,
como un cordero se entregó.
Yo no me aparté de él ni un segundo,
yo quería verlo y que él me viera a mí.
Y fue entonces cuando en mí fijó sus ojos,
y con lágrimas, llorando, dijo así:
"Hijo, te la doy por Madre
ámala y cuídala por mí".
Y sus ojos me miraron suplicantes,
al entregarme aquello,
lo más bello para él.
"Cuídala por mí, discípulo,
ámala, pues tu Madre es".
Sí, yo soy aquello discípulo,
y ella, ella mi madre es.
La recibí, feliz viví,
recíbela, feliz serás,
discípulo.