La cabeza colgando, y las manos
destrozadas los pies sangrando,
una cruz, varios clavos y una corona
de espinas, para mi hermano.
YO SEÑOR CON ESTAS MANOS MARTILLÉ
Y ME MIRABAS, Y ME LO DEJABAS HACER
¡OH! SEÑOR CON ESTAS MANOS MARTILLÉ.
Te ofendí en tu cara, como puede ser Señor
que me digas que aún me amas,
y le pides al Padre que me perdone lo que
estoy haciendo, en vez de odiarme.
Y tus ojos se cierran y en lugar de condenarme
me miras en forma tierna,
y se hiela mi sangre porque he amado a mi
hermano que vino, para salvarme.