Estuve enfermo y me visitaste
estuve preso y no te avergonzaste
tuve hambre y de comer me diste
desalojado tu me recibiste.
Cuando sangré vendaste mis heridas
tu mano me levantó en cada caída,
y cuando estuve solo y deprimido
tú te quedaste a conversar conmigo.
ENTRAR, ENTRAR, ENTRAR
EN LA CASA DE MI PADRE
ENTRAR, ENTRAR.
Fui perseguido por lo que pensaba
tú te quedaste ahí como si nada
con tu sonrisa aliviaste mis penas
y con tu lucha cortaste mis cadenas.
Y sin trabajo estuve muchas veces
pero compartiste lo que tenías,
no me juzgaste por mi ropa y mi pelo
me diste amor cuando estaba en el suelo.